Por Luis Ramos Gómez Pérez
El Dos de Octubre traemos a la memoria al movimiento estudiantil del sector más pensante de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional, de la Escuela Nacional de Maestros, de la escuela Nacional de Antropología e Historia, de la Escuela Nacional de Agricultura que habían constituido el Consejo Nacional de Huelga para hacerse cargo y retomar la historia y ejercer la responsabilidad de hacer llegar los tiempos de paz y seguridad en el país.
El movimiento del sesenta y ocho recogió con lucidez el clima de liberación que brotaba en todo el orbe, pues en todo el mundo, en los años sesenta, se levantaba la aurora de la libertad. En Estados Unidos la población de color pugnaba por el reconocimiento de sus derechos civiles para terminar con la discriminación, y la exclusión en su propio país, bajo el impulso de la palabra y del testimonio de Martin Luther King. Luego del asesinato de John F. Kennedy que había impulsado la integración de los negros, el gobierno de Washington se enredó en la absurda guerra contra los vietnamitas en una aventura bélica sin sentido y sin salida como luego lo haría ver el Tribunal Russell. El esfuerzo supremo del pueblo de Viet Nam expulsó al invasor con tenacidad admirable. En esa misma época en la Unión Soviética los pueblos llamados “satélites” se daban a la tarea de sacudirse la aplastante losa del estalinismo, con resultados desiguales en Checoslovaquia y en Hungría; ambas recogieron de esa lucha una historia de defensa de su cultura y de su destino.
En esa misma década, Argelia, ocupada por los colonos franceses, empleó más de doce años para recuperar su lengua, su cultura y su gobierno en medio de grandes sacrificios del pueblo. Otros países africanos no tuvieron iguales resultados, pues aunque los belgas abandonaron oficialmente el Congo, quedaba intacta la dependencia colonial.
El día 2 de Octubre celebra la India el nacimiento de Ghandi que entregó la vida como testimonio de su búsqueda de un país con rostro humano. Dejó para la nueva India un legado permanente de búsqueda de la verdad, de paz, de valentía, de amor y de no violencia. Algo percibieron los Beatles en sus canciones de este espíritu tan tradicional y tan nuevo.
En México los estudiantes, al menos la parte más pensante, buscaron también contrarrestar la inequidad, la represión y la exclusión. Querían abrir al país a los horizontes nuevos de libertad y de humanidad. Extender la educación a toda la población, abrir los recursos intelectuales hacer accesible el aprendizaje, la instrucción y a la sabiduría, bajo maestros cuya mirada fuera capaz de atravesar las cuatro paredes de las aulas.
Proliferaron en esos años los medios de información capilar que llevaban el análisis social a las víctimas de los engaños mediáticos propiciados por el control oficial de los medios impresos y electrónicos. Uno de los objetivos del movimiento era transformar los cuerpos represivos en ciudadanos humanamente preparados al servicio de la convivencia civil. El movimiento del 68 también buscaba la abolición del artículo 145 y 145 bis del Código penal que criminalizaba la manifestación de la inconformidad como disolución social.
El dos de octubre de 1968 la violencia, enemiga del pobre y el inocente, estalló como consecuencia de condiciones intolerables de limitación, resultado de la acumulación de los recursos en muy pocas manos.
El año 1968 no sólo es una efemérides más en la lista interminable de fechas sin sentido, es más bien parte de nuestro pasado que nos interpela y en un sentido u otro estructura, y hasta cierto punto determina, la toma de posición de generaciones nuevas a las que les toca ahora la responsabilidad de construir el país.
El Dos de Octubre traemos a la memoria al movimiento estudiantil del sector más pensante de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional, de la Escuela Nacional de Maestros, de la escuela Nacional de Antropología e Historia, de la Escuela Nacional de Agricultura que habían constituido el Consejo Nacional de Huelga para hacerse cargo y retomar la historia y ejercer la responsabilidad de hacer llegar los tiempos de paz y seguridad en el país.
El movimiento del sesenta y ocho recogió con lucidez el clima de liberación que brotaba en todo el orbe, pues en todo el mundo, en los años sesenta, se levantaba la aurora de la libertad. En Estados Unidos la población de color pugnaba por el reconocimiento de sus derechos civiles para terminar con la discriminación, y la exclusión en su propio país, bajo el impulso de la palabra y del testimonio de Martin Luther King. Luego del asesinato de John F. Kennedy que había impulsado la integración de los negros, el gobierno de Washington se enredó en la absurda guerra contra los vietnamitas en una aventura bélica sin sentido y sin salida como luego lo haría ver el Tribunal Russell. El esfuerzo supremo del pueblo de Viet Nam expulsó al invasor con tenacidad admirable. En esa misma época en la Unión Soviética los pueblos llamados “satélites” se daban a la tarea de sacudirse la aplastante losa del estalinismo, con resultados desiguales en Checoslovaquia y en Hungría; ambas recogieron de esa lucha una historia de defensa de su cultura y de su destino.
En esa misma década, Argelia, ocupada por los colonos franceses, empleó más de doce años para recuperar su lengua, su cultura y su gobierno en medio de grandes sacrificios del pueblo. Otros países africanos no tuvieron iguales resultados, pues aunque los belgas abandonaron oficialmente el Congo, quedaba intacta la dependencia colonial.
El día 2 de Octubre celebra la India el nacimiento de Ghandi que entregó la vida como testimonio de su búsqueda de un país con rostro humano. Dejó para la nueva India un legado permanente de búsqueda de la verdad, de paz, de valentía, de amor y de no violencia. Algo percibieron los Beatles en sus canciones de este espíritu tan tradicional y tan nuevo.
En México los estudiantes, al menos la parte más pensante, buscaron también contrarrestar la inequidad, la represión y la exclusión. Querían abrir al país a los horizontes nuevos de libertad y de humanidad. Extender la educación a toda la población, abrir los recursos intelectuales hacer accesible el aprendizaje, la instrucción y a la sabiduría, bajo maestros cuya mirada fuera capaz de atravesar las cuatro paredes de las aulas.
Proliferaron en esos años los medios de información capilar que llevaban el análisis social a las víctimas de los engaños mediáticos propiciados por el control oficial de los medios impresos y electrónicos. Uno de los objetivos del movimiento era transformar los cuerpos represivos en ciudadanos humanamente preparados al servicio de la convivencia civil. El movimiento del 68 también buscaba la abolición del artículo 145 y 145 bis del Código penal que criminalizaba la manifestación de la inconformidad como disolución social.
El dos de octubre de 1968 la violencia, enemiga del pobre y el inocente, estalló como consecuencia de condiciones intolerables de limitación, resultado de la acumulación de los recursos en muy pocas manos.
El año 1968 no sólo es una efemérides más en la lista interminable de fechas sin sentido, es más bien parte de nuestro pasado que nos interpela y en un sentido u otro estructura, y hasta cierto punto determina, la toma de posición de generaciones nuevas a las que les toca ahora la responsabilidad de construir el país.
